El agua cervecera es una calidad de agua obtenida a partir del agua tratada. Su uso está asociado a operaciones donde el agua puede entrar en contacto directo con la cerveza, con el envase en su etapa final de enjuague o con equipos y auxiliares que pueden transferir una cantidad significativa de agua al producto final.
En muchas cervecerías, el agua cervecera se obtiene mediante un postratamiento relativamente simple del agua tratada, principalmente orientado a la eliminación del cloro residual. Para ello se utilizan normalmente filtros de carbón activado, cuya función es remover cloro libre, compuestos oxidantes y, en parte, sustancias que podrían afectar el olor o el sabor del producto. Cuando el agua de red o el agua tratada contiene dióxido de cloro, cloraminas u otros desinfectantes, el sistema de decloración debe diseñarse específicamente para asegurar su remoción efectiva.
La decloración es importante porque los compuestos clorados pueden reaccionar con componentes de la cerveza y generar defectos sensoriales, especialmente notas fenólicas, medicinales o químicas. Además, el agua que entra en contacto directo con el producto no debe aportar olores, sabores, oxidantes residuales ni contaminantes microbiológicos.
El agua cervecera declorada puede utilizarse en puntos donde el agua es introducida directa o indirectamente al producto. Algunos ejemplos son el agua de espumeo en la llenadora de botellas, el enjuague final en lavadoras de botellas y otros enjuagues finales donde una fracción del agua puede permanecer en el envase o entrar posteriormente en contacto con la cerveza.
También es la materia prima habitual para la producción de agua desaireada. Esta agua desaireada se utiliza principalmente en operaciones posteriores a la fermentación, donde la incorporación de oxígeno debe mantenerse al mínimo. Entre sus aplicaciones se encuentran la dilución de cerveza o blending, la preparación de filtros, los enjuagues donde pueda quedar una cantidad considerable de agua en el producto final y los empujes o desplazamientos de cerveza en cualquier punto del proceso después de la fermentación.
La calidad microbiológica del agua cervecera es especialmente importante. Al eliminar el cloro residual mediante carbón activado, también se elimina la protección desinfectante que tenía el agua tratada. Por esta razón, el sistema debe diseñarse y operarse de forma sanitaria, evitando tiempos de residencia excesivos, zonas muertas, contaminación retrógrada y crecimiento microbiológico dentro de los filtros o de la red posterior. En muchos casos se incorporan etapas adicionales como filtración fina, esterilización por UV, filtración microbiológica o sanitización periódica del sistema.
El carbón activado debe considerarse un punto crítico de control. Si no se mantiene adecuadamente, puede convertirse en un foco de contaminación microbiológica. Por ello debe definirse una frecuencia de regeneración/sanitización y, reemplazo, según el diseño del sistema y el consumo de agua cervecera entre otros.
